Insumos agropecuarios en salta

Agricultura de precisión: el futuro ya llegó a la maquinaria agrícola y Argentina hace punta

La agricultura desde la tierra se subió a los aviones y luego a los satélites, primero fue por las imágenes y después por la navegación. Más tarde, se acercó de nuevo a la tierra desde los drones. Ahora entró al smartphone y desde ese pequeño gigante de la información y del protocolo le dice al productor, al técnico y al profesional, que va a resultar si hace una cosa o la otra. Pero el objetivo es siempre el mismo, mejorar la producción de alimentos.



El panorama fue cambiando, al compás de una demanda que nunca paró de crecer. Ahora el objeto es cómo se logrará en el 2050 alimentar, vestir y suministrar energía a 9.8 mil millones de habitantes. Algo así como 2.6 mil millones más que en la actualidad. Un desafío.


Para dar respuesta a esa pretensión imparable la agricultura nunca detuvo su evolución, y en los últimos cambios, vimos como pasó de la agricultura mecanizada a la agricultura de precisión al diferenciar cada punto en el lote debido a sus condiciones productivas y de ambiente. El llamado sitio específico.


Así también llegaron las regulaciones de las máquinas desde la cabina y sobre la marcha, las sembradoras calibradas desde el tractor, las pulverizadoras, las cosechadoras y las picadoras se ponen a punto desde el asiento del operador con la yema de los dedos. Ello fue fruto por el uso de la hidráulica y la electrónica de forma combinada.


Con la navegación satelital se pudo programar cuándo y en qué lugar del campo hacer los ajustes de la dosis de diversos insumos y de la densidad de siembra. El ahorro de tiempo hizo crecer de manera notable la capacidad de trabajo de los equipos. Y aún más, el accionamiento por cuerpo de siembra, o de fertilización, de pico de pulverización, trajo ahorros importantes de insumos y aumentos de rindes a cosecha.


Al rato se aplicaron los algoritmos y se automatizaron las respuestas o mejor dicho las calibraciones de las máquinas en función a los requerimientos del ambiente, o sea de las condiciones de trabajo. La digitalización de los mandos es el telón de fondo de estas formas de manejo de los equipos. Se acortaron aún más los tiempos de respuesta de calibración, y aumentaron el ahorro de insumos y los rindes de las cosechas.


Es cierto que las máquinas autónomas, es decir los robots, hacen prácticamente desaparecer los tiempos de reacción humana y la respuesta a cada problema es inmediata. Pero la respuesta será la correcta si el humano diseñó y cargó de manera adecuada cada algoritmo y cálculo.


Por otra parte, los datos necesarios para que los robots no se equivoquen, están en la “nube”, disponibles en el momento que se los precisa, sin demoras. Además, se terminaron los límites impuestos por la memoria (si hay señal), por ello la información es casi infinita.


Ahora, lo importante es lograr que esos datos, trabajen para lo que se necesita y lo hagan de manera eficaz.


Pero la evolución no se detuvo y sobre toda esa capacidad de memoria, conectividad y el conocimiento para encausar los procesos de trabajo, se desarrollaron las plataformas que se asemejan a sitios web, de apoyo a los equipos. Y se conecta cada equipo con un centro de apoyo y servicio, y también se conectan las máquinas entre sí.


Los centros de ayuda proveen de información para el funcionamiento de las máquinas, sobre la provisión de insumos, las condiciones del clima, mercados, manejo agronómico, para mencionar algunos ejemplos. Y así resulta otro ahorro de tiempo y aumento de la eficiencia operativa de los equipos.


Cada cambio, cada etapa en esta evolución aparece y comparte el tiempo de uso con elementos y avances generados en cambios anteriores. Y no es que un cambio aparece de pronto, sino que se va gestando de manera progresiva y sin pausa durante algunos años.


A manera de ejemplo, se pueden citar las plataformas web que hoy se presentan como páginas web bastante ricas en información y procesos de trabajo, pero hace 10 o 15 años ya existían sus bosquejos para el manejo de algunas de las máquinas de las grandes marcas globales.


Y en este punto de la evolución estamos atentos a la aparición de la próxima generación de este proceso evolutivo, el próximo paso sabiendo que la velocidad de los cambios tecnológicos supera a la velocidad de aprender del hombre, por ello la capacitación y el entrenamiento de los operadores de campo y técnicos es siempre un cuello de botella.


Otra cosa que está clara a esta altura de los acontecimientos es que la agricultura de Argentina dialoga con los países agrícolas más desarrollados.


En el Webinario Agricultura de Precisión titulado “El INTA y la Agricultura Digital desarrollado esta semana por un equipo de profesionales de esa institución tuvo un nivel similar a las charlas y reflexiones que se pudieron escuchar en las disertaciones que una semana antes se generaron en el Farm Progress Show, de Boone en Iowa, Estados Unidos. En ambas se habló de la digitalización de la agricultura, los equipos autónomos, los beneficios que todo ello significa para la agricultura y para el ambiente. En ambos el desarrollo fue digital por las razones conocidas.


Muchas de las cosas que vieron en la última Agritechnica de Hannover, en Alemania, hace unos meses, no distan mucho de lo que vimos en la última edición de Expoagro, en marzo. Ambos eventos fueron presenciales, antes Covid 19. Pero lo mismo se pudo ver en la reciente edición virtual de Expoagro.


Sembradoras air drill y air planter, con trasmisión de movimiento a los dosificadores eléctrica, dosis variable y corte por cuerpo. Pulverizadoras que con aplicación selectiva y cambio de pastilla sobre la marcha con estación meteorológica abordo. Cosechadoras de gano que se autoajustan según las condiciones de trabajo con chequeos cada 3 minutos. Picadoras de forraje que autoregulan el tamaño de partícula según la humedad del cultivo. Tractores con trasmisiones inteligentes, y la lista de ejemplos escapa a este espacio por mucho.



Probablemente en la agricultura inteligente y sus equipos sea la más clara y consistente expresión de la globalización en el mejor sentido de la palabra.


El salto tecnológico de los últimos 12 años, brinda las soluciones a muchas de las cuestiones que se manejan en el aumento de la productividad y la sostenibilidad de la producción de alimentos.

En realidad, nadie puede saber en que punto de su evolución estará la producción de alimentos en el 2050, pero si de algo podemos estar seguros, es que Argentina habrá participado en la creación de las soluciones pertinentes, más allá de quienes lo administren. La historia no lo disimula.


Fuente: Clarín