Insumos agropecuarios en salta

Sonrisa y tenacidad

Javi sale de las oficinas de AJU con un solazo de mediodía. Camisa a rayas y anteojos de bordes negros le enmarcan esa sonrisa característica que le ofrece a sus clientes. La buena onda es un principio importante en su vida y, sobre todo, en el trabajo.


Javier Vargas es oranense y tiene 37 años. Lleva casi la mitad de su vida como administrativo en AJU, donde entró en octubre del 2004. Este año cumple sus quince en la empresa, de la que también forma parte su hermano Sergio, dos años menor que él.


El resto de la familia la componen su hermano menor Héctor (29) y sus papás Oracio (sin H) y Nita, que de chiquito lo llevaban a la Escuela General Pizarro de Orán, esa misma que vio en sus aulas al chalchalero Juan Carlos Saravia. De aquellos años trae consigo la pasión por el fútbol, a punto tal que juega cuatro veces por semana, dos días con sus amigos del barrio, y los otros dos con sus compañeros de AJU, haciéndole partido a equipos de clientes como ingenieros y productores, o contra colegas de la zona.


Hoy AJU es su segunda familia, donde el trabajo en equipo tiene un nivel de importancia tan alto como las bromas y las risas entre compañeros. “Me encanta la unión que hay en la oficina para encarar cada desafío”, dice orgulloso.


Después de 15 años en la empresa, a Javi lo reconforta la estabilidad económica que logró para su familia a fuerza de trabajo y del tiempo que le demanda cumplir eficientemente con todo. Responsabilidad y pasión son quizás las dos palabras que lo definen como empleado y también como persona.


Cada día, cuando Javier llega a la oficina, esculpe en su cabeza sus sueños futuros, donde ve a sus hijos estudiando y siendo profesionales independientes. Entonces charla con Dios para pedirle por su salud y la de su familia. 


Javier es uno de los rostros de AJU para sus clientes. Una cara amiga que busca siempre solucionar cualquier demanda. 


Y lo mejor, es que nada borra su sonrisa y, mucho menos, su tenacidad.