Insumos agropecuarios en salta

Espíritu inquieto

El campo y el mar. Esas vastedades son las dos grandes cosas que definen la vida de Juane. Promover la buena agricultura y soltar amarras hacia la “pampa azul”, para después poner proa a cualquier lugar del mundo.


Su nombre es en realidad Juan Werkalec y nació allá por julio del ’67 en Rosario (Santa Fe). Disfrutó su infancia jugando un poco de fútbol y tenis con amigos y compañeros del barrio, pero lo que despertó su verdadera pasión fue aprender a navegar en el Club de Vela de su ciudad. Sin embargo el río no era suficiente. Las velas siempre buscan reivindicar su romance con el mar.


Estudió en el colegio Alemán y luego en la Universidad de Agronomía de Rosario. Algunos años después comenzó a trabajar como distribuidor de productos del Laboratorio Quimeco, donde se vinculó hasta hoy con AJU. Como casi todo canceriano le gusta charlar y fomentar las relaciones divertidas, conocer gente, y mantener ese espíritu inquieto que lo lleva a emprender siempre cosas nuevas.


Hoy, con 52 pirulos y dos hijos, Juan Ignacio de 20 años y Santiago de 17, reconoce que si bien su trabajo le ha dado grandes amigos y le permitió conocer muchos lugares, también lo hizo estar mucho tiempo fuera de casa, lo que de alguna manera melló la unión del grupo familiar.


Sin embargo sigue metiéndole positividad a su vida, fomentando las relaciones divertidas en el trabajo y sintiéndose apoyado por sus compañeros de Quimeco, quienes lo ayudan en sus visitas a clientes y en la distribución de los productos.


Y si bien en los ratos libres hace algunos hoyos en el golf y da algunos paseos en bicicleta, Juane cuenta los días para volver a responder el llamado del mar. Esas velas que desde que tiene 7 años le prometen momentos únicos de brisa en el rostro, sol pleno y esa sensación de libertad que sólo se siente al surcar las olas.


Gracias a esa pasión pudo conocer muchos lugares del mundo.

¿Los que más le gustaron? San Blas en Panamá; San Vicente y las Granadinas, y los Cayos de Tobago, al sur del Mar Caribe.


Lo cierto, como piensa Juane, es que siempre vale la pena salir de la zona de confort para emprender nuevas aventuras.