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Insumos agropecuarios en salta

El suelo como infraestructura: la variable que define todo lo demás

  • 23 jul
  • 1 min de lectura

El suelo es más que donde se produce. Es lo que produce.

Hay una forma de hablar del suelo que lo reduce a soporte. Un lugar donde se pone la semilla, se aplican los insumos y se espera el resultado. Esa mirada tiene un problema: trata al suelo como un envase, cuando en realidad es un sistema.

Y los sistemas, cuando se degradan, avisan de formas silenciosas. Con rendimientos que se estancan aunque se invierta más, con lotes que responden mal a años difíciles, con cultivos que hacen todo bien sobre papel y aun así quedan lejos del potencial esperado.

Los suelos agrícolas argentinos tienen un stock promedio de carbono orgánico de 56 toneladas por hectárea y están al 46% de su capacidad máxima de almacenamiento. Eso es un dato productivo antes que un dato de sustentabilidad. Un suelo con más carbono orgánico tiene mejor estructura, mejor retención de agua, mejor actividad biológica. Amortigua mejor los extremos climáticos. Responde mejor a los insumos que se le aplican. Rem

El suelo es la infraestructura del sistema productivo. Y como toda infraestructura, sin mantenimiento se deteriora. Y cuando se deteriora, el costo aparece distribuido en varias campañas, silencioso, hasta que ya es difícil de revertir.

Un suelo biológicamente activo reduce la dependencia de insumos externos, mejora la eficiencia de los que se usan y genera resiliencia frente a variables que escapan al control, como el clima.

La pregunta que vale hacerse antes de la próxima campaña es doble: qué se va a aplicar, y sobre qué sistema se va a aplicar. Esa segunda parte es la que define todo lo demás.

 
 
 

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